Crítica: Una Familia de Tokyo



Una familia de Tokyo (Yôji Yamada, 2013)

Delicatessen japonesa




Sinopsis:

Remake de la película de Yasujiro Ozu Cuentos de Tokyo, la película narra como un matrimonio de ancianos, a petición de sus hijos, abandonan su pequeña isla natal para conocer como viven sus hijos. La familia tiene tres hijos, Koichi (MasahikoNishimura) que es médico, Shigeko (Tomoko Nakajima) dueña de un salón de belleza y Shuji (Satoshi Tsumabuki) que trabaja en el teatro montando decorados. Lo que en un inicio se plantea como una reunión familiar en la que se incorpora a la familia la novia de Shuji, Noriko (Yu Aoi), se tuerce cuando la madre se desmaya en casa del hijo mayor.

Crítica:
Shuji, tu madre ha muerto

Delicada como la original del genio Ozu, Una familia de Tokyo muestra como los padres se esfuerzan incansablemente por satisfacer a los hijos mientras que éstos, una vez cumplidas las exigencias de los primeros vuelan lejos de ellos. Los propios padres se desplazan a una ciudad que les parece imposible, demasiado rápida y en donde no se sienten cómodos. Yamada vuelve a la gran pantalla para contarnos una historia de vejez desde su propia vejez haciendo un remake de uno de sus maestros que le inspiró en su juventud. Por algo lleva en el cine desde el año 61. 

Técnicamente impecable, muy ligada a la iconografía de Ozu, con planos bajos y delicados, amplia el horizonte del hogar que tan bien marcado tenía el cineasta japonés. Si una cosa destaca en su filmografía es que para éste las escaleras son un elemento invisible, mientras que en el cine occidental tiene un peso muy fuerte. Yamada incorpora este elemento a la composición del hogar que originalmente de Ozu, dándole una importancia occidental.

En cuanto a su narración esta muy ligada al relato japonés clásico. En donde pasa nada en apariencia está pasando todo. Los personajes poseen dobles o triples caras y los hijos predilectos acabarán por ser los más hipócritas mientras que el hijo menor, Shuji, el caso perdido y su pareja, Noriko (la nueva en la familia) serán los únicos que realmente estén a la altura de las circunstancias. La presión de la familia en una cultura como la japonesa queda retratada en la película de forma natural pese a poseer un peso muy fuerte. Cuando el núcleo familiar cae, la madre, la familia se desintegra con él y los hijos huyen del padre que tanto les exigió. Solo Shuji, al que más había exigido y menos había respondido, será capaz de medio reestructurar el núcleo.

La vejez es el otro tema fundamental del filme. Trata como el mundo cambia muy rápido pero las personas no cambian. De como las tradiciones cambian, como las relaciones entre padre e hijos cambian con ellas. También hace una crítica a la vejez vista como un estorbo, ya que los padres van cambiando de casa de los hijos según las necesidades de los mismos. Y de como, pese a ello, los propios ancianos tratan de seguir adelante y adaptarse a estos cambios. Con mayor o menos fortuna pero se acaban por adaptar a ellos. 

Por tanto, Una familia de Tokyo es un delicado retrato de nuestra sociedad respecto a la tercera edad y la familia. Realizada desde la experiencia de un gran cineasta como Yamada que a sus ochenta y dos años y con más de sesenta títulos a sus espaldas, continúa haciendo cine con la misma ilusión del primer día y ha visto como la sociedad ha ido cambiando, haciendo y deshaciendo a su gusto, mientras que las personas no cambian. Por tanto, el remake de Ozu es más personal de lo que a primera vista puede aparentar y por ello está a la altura de las circunstancias. Aunque siempre es más única la original. 

Nota: 9/10





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