X-Men: Días del futuro pasado "CRITICA"

X-Men: Días del futuro pasado.

El retorno del director




Sinopsis:

En el futuro los mutantes y los humanos que les ayuden, serán masacrados y llevados a campos de concentración. Por ello los X-Men deciden reunir a los pocos como ellos que quedan y trazar un plan que implica viajar al pasado para lograr que la guerra entre humanos y mutantes nunca comience.


Crítica:

El hijo pródigo Brian Singer vuelve a la dirección de la saga que le dio la fama, tras dirigir las dos primeras entregas de los X-Men, regresa al mundo Marvel con X-Men días del futuro pasado, que se postula como uno de los Blockbusters del verano.
De unos años a esta parte las carteleras han sufrido una inundación de superhéroes de todos los tipos, desde los más fascinantes como el Caballero Oscuro de Nolan hasta los prescindibles como Linterna Verde ( Martin Campbell). En común tenían su intento de salvar al mundo de los incontables males que le acosan, en esta ocasión los superheróes no buscan salvarse sino a ellos mismos, de los peligros que entraña el odio al diferente.

X-Men días del futuro pasado sirve como nexo entre las primeras películas de Singer, con la nueva generación y los spin off que se han hecho, y lo hace asombrosamente bien. La dificultad de unir tramas alejadas, viajes al pasado y la multitud de personajes existente era todo un reto. Pero todo esto se ha reconducido para lograr una película tan coherente, que supone una puesta a punto de la saga y un nuevo inicio para futuras películas, borrando de un plumazo todo lo malo de X-Men 3: La decisión final. Amantes del cómic y ajenos al mundo Marvel podrán disfrutar de una de las tramas más interesantes del cómic, en la cual Bolivar Trask (Peter Dinklage), crea el programa centinela que se encargará de eliminar a los mutantes de la faz de la tierra. Los personajes capitales de las primeras películas Magneto (Ian Mckellen), Lobezno ( Hugh Jackman) y Xavier (Patrick Stewart) se unen en un plan para viajar al pasado y detener la guerra en sus inicios.

Fruto de un guión detallista de Simon Kinberg, con toques de humor ácido y sensibilidad, se consigue modelar la película con un ritmo sorprendentemente rápido. Y es que, causa asombro como con un ritmo frenético, la película continúa siendo a la vez reflexiva y existencialista. Una lucha contra el odio que es en si misma la esencia de los X-Men, creados en los 60 como un intento de erradicar el racismo entre los jóvenes, y que ahora nos interpelan a tener esperanza en el futuro más próximo. El juego de pasado y futuro con los continuos flashbacks, se convierte en el aliciente perfecto para hacer un juego autoreferente, tanto con el resto de las películas de la saga como con el propio cómic.
Especial interés tiene el personaje de Quicksilver ( Evan Peters ) que nos ofrece una de las mejores escenas de la película con una secuencia a cámara lenta que se recordará largo tiempo. Y por supuesto hay una escena extra tras los créditos finales, así que nadie se mueva de su asiento.



Puntuación 8/10