GABOR CRÍTICA

“Gabor”, de Sebastián Alfie

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Por Antuán Duanel

Arde la calle al sol del poniente; hay tribus ocultas cerca del río esperando que caiga la noche. Y es que la escuela de calor ibérica no es cualquier cosa. Cual Ícaro huyendo del sol que derrite la cera de mis alas, me cobijo en la oscuridad, espacio donde todos los gatos son pardos para todos nosotros mortales. Los conos oculares -células receptoras del color- apagan parte de mi vista, la cual confía entonces en los bastones -células encargadas de la recepción ante niveles bajos de iluminación- para transitar preguntándome cómo sería mi vida si no pudiese ver.

Mermado en la percepción, lejos quedo de la ceguera de Gabor, director de fotografía rescatado del olvido laboral -anclados en seis millones de parados todavía andamos.[1]  Este documental del director argentino Sebastián Alfie es la transfusión de lo que un día Felipe González vino a espetar a los españoles que pedían la oreja de su camarada Alfonso Guerra: ¡si se va Alfonso, me voy yo!; ¡hay dos por uno! -póngale ustedes el acento sevillano. También se asemeja a esa sonrojante práctica abusiva del mercado laboral ansioso de ingestar más y más: las empresas de trabajo temporal; o ya en clave doméstica, ese timbre que a las 14 horas suena: de donde comen dos lo hacen tres.

Algo de todo eso tiene este Gabor, ya que de un proyecto social -un anuncio contra la ceguera por parte de una fundación- surge una película sobre el cómo llevar a cabo el proyecto contando con un director de fotografía invidente. El reto se consuma apurando dosis de humor -imágenes a la contra del discurso-, recursos narrativos por encima de los técnicos -las entrevistas por skype no se entienden muy bien pero permiten avanzar a modo de diario de bitácora-, y la diversidad cultural como hilo con el que trenzar algo más que un entretenimiento digno lleno de intriga.

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Estrenada en Documenta Madrid 2014, sorprende como apuesta de proyecto, aunque flirtee con el diario amigable. A pesar de que su naturaleza -película documental de 70′ de duración- complique  su alcance generalista, alcanzó el premio Canal+, por lo que podrá disfrutarse en televisión, ventana a la que sin duda aspira.

Con la vista fija en una ficción que transgrede el género documental -aplica convenciones sonoras para resolver conflictos narrativos-, la música busca conectar emocionalmente de un modo que alcance a cuantos más espectadores mejor, lo cual engarza con lo de Felipe: dos por uno.

Ante otras cosas, Gabor resulta interesante como ejercicio ante la carestía de medios técnicos, y, sobre todo, por la habilidad del director al tejer las piezas de algo a priori difícil de imaginar: ¿podrá un discapacitado desarrollar la tarea de uno que no lo sea?