“Dos días, una noche” de Jean–Pierre Dardenne y Luc Dardenne "CRÍTICA"





Por Ignacio Dorado

Por un puñado de euros
Muchos acusarán a los hermanos Dardenne de hacer siempre la misma película. Un tipo de película que forma parte de un sub-género cada vez más utilizado como es el cine social. En estas películas se nos suele mostrar a unos personajes que se tambalean fruto de la relación que crean con el entorno que les rodea, un entorno totalmente roto y en crisis.
Sin embargo, también se puede decir que los directores belgas son los maestros de este género tan concurrido. Casi ningún espectador podrá negar que al terminar de ver una película de los Dardenne ha salido con mal sabor de boca. La sensación suele ser muy diferente, ya que afirmará haber visto una muy buena película, a veces, como ocurre en el caso de “Rosetta”, un ejercicio excelente.
“Dos días, una noche” es una de esas muy buenas películas, una obra que aborda el género a través de la mirada de unos directores expertos en él, un tipo de películas que ya han hecho suyas.
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En los últimos años, sin embargo, podemos ver en la pareja un ligero desvarío, una apertura hacia otros caminos. Ocurría en “El silencio de Lorna” en el que experimentaban con una trama más cercana al cine de suspense o en la anterior “El niño de la bicicleta”, de carácter más comercial. Al igual que ocurre con esta última, protagonizada por Cécile de France junto a otros actores no tan conocidos, en “Dos días, una noche”, es la ganadora del Oscar Marion Cotillard quien asume esos galones.
Muchos de los incondicionales de los directores puede que tomen esta propuesta con cierto halo de escepticismo, sin embargo, hay que dejar claro que Marion es una enorme actriz que hace totalmente creíble e identificable a su personaje. Aspecto, quizás, más importante de los personajes que han inundado todo el cine de los belgas.
A parte de esta propuesta que vira un poco hacia la comercialidad, hay otro punto que también puede acercarla más al canon propio del cine de Hollywood. La película hace uso de una cuenta atrás para imprimir en el espectador el suspense propio de este tipo de situaciones.
La historia cuenta cómo Sandra (Marion Cotillard), tras haber superado un momento duro de su vida, una depresión provocada por el propio mundo en el que vive, se enfrenta a una noticia aún peor. Tras esta baja por incapacidad, el jefe de la empresa y los propios trabajadores han decidido por votación que no siga con ellos. Un problema enorme para una persona que ha salido de una mala experiencia y se topa con una realidad todavía más dura.
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Tras conseguir que se haga otra votación, Sandra tiene solamente un fin de semana para convencer a sus compañeros de que voten por su continuidad en vez de por una prima que se les concede si ella no sigue en la plantilla.
La película nos enseña cómo los tiempos que corren ya no son tan humanos si no que se han convertido en un período de total supervivencia. Por eso, la protagonista transita por un camino muy difícil antes de llegar al resultado final.
Los directores dividen la película en una docena de episodios centrados en cada uno de los compañeros a los que aborda la protagonista.
Y es aquí donde se muestran como unos maestros. Muchos realizadores ante este tipo de película hubiesen seguido un camino muy claro: el de realizar una crítica ante los altos cargos que manejan las empresas y probablemente crearían un perfil de trabajadores totalmente homogéneo para ayudar a esa crítica final.
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Los Dardenne, sin embargo, humanizan a todos estos personajes creando un prisma totalmente heterogéneo y creíble. Quizás es verdad que hay algunas decisiones discutibles que llevan a una credibilidad menor, como en algún que otro caso demasiado precipitado. Aún así, el conjunto logra aquello que los propios directores quieren: mostrar una empresa tal y como pudiera ser en la realidad.
Estos compañeros tienen una vida al igual que la protagonista, una vida que no pueden dejar por ayudar a otra persona. Es ahí el verdadero problema de esta sociedad, ese sentimiento de supervivencia que al final es lo que utilizan aquellos que mandan. Y es ahí donde reside la verdadera crítica al modelo de producción característico de la Europa actual.