The Equalizer (El protector), de Antoine Fuqua "CRÍTICA"


Por Roberto Hernández Granda
Cuando una película utiliza como gancho el eslogan “Del director de” para referirse a su nueva obra es una evidente señal para ser, cuanto menos, suspicaces; y más aún teniendo en cuenta que en este caso se trata de Antoine Fuqua, que desde que triunfó (es un decir, el que salió más favorecido fue Denzel Washington al llevarse el Oscar) con Trainning Day su carrera se ha limitado a fallidos intentos de calco del caballo ganador (Los amos de Brooklyn) estupideces bélicas-terroristas con muchos fuegos artificiales (Lágrimas del solShooter: El tiradorObjetivo: La Casa Blanca) o blockbusters de aventuras (El rey Arturo)
Aquí las pretensiones no son ningún secreto: se quiere adaptar la serie ochentera El Ecualizador a una película de acción con estrella de renombre que recaude dinero rápido y fácil. La curiosidad reside en si es posible encontrar algo de las buenas maneras inicáticas de la estupenda Trainning Day, algún elemento que haga interesante la cinta. Y, francamente, la verdad es que no.
equalizer-photos-denzel-washington-chloe-moretz
En la presentación del personaje sabes que a todas vistas es un buen ciudadano americano: cumple con sus 40 horas semanales, es eficiente y profesional en su trabajo, bromista y sobrio, ayuda a compañeros con alguna tara a superarse a sí mismos, viaja en metro y vive de forma bastante austera.Y es también, sin duda, el estereotipo de hombre misterioso de vida rutinaria y metódica que esconde un pasado inquietante. Además de la viudedad, claro, porque estos personajes siempre son viudos o separados o arrastran algún tipo de trauma familiar que los hacen melancólicos, retirados e intensos.
Lo que comienza con un primer acto pasable pese a lo sobado y mil veces visto va deslizándose poco a poco a un cambalache de tópicos e incursiones lamentables. Como el primer enfrentamiento con los representantes de la mafia rusa (porque van tatuados, son rusos y son malos, evidentemente) a los que es difícil tomarse muy en serio. Y eso que Denzel Washington les regala un buen recital de estrategia de combate cuerpo a cuerpo, golpes mortíferos y sangre a raudales, gracias a un superpoder especial que le permite planificar sus acciones al bajo ralentí, además de cronometrarlas. Es una especie de Predator urbano luchando contra los restos de la extinta URSS.
the_equalizer_3.
La contrapartida a este killer solitario llega a la ciudad en forma de otro ruso igualmente tatuado y consecuentemente muy malvado, también. Una perfecta némesis para un ex agente de la CIA que le ha vuelto a coger el gusto a eso de cepillarse gente; siempre en nombre de la justicia, la ley y el orden, algo que lleva muy a rajatabla este superhéroe sin antifaz.
the_equalizer_6

Hay un tiempo de tanteo en el juego del gato y el ratón, que prepara el terreno para asimilar que el hombre que sentía compasión por prostitutas adolescentes y lee El viejo y el mar y El Quijote se revela una máquina de matar, con pocos escrúpulos y tan duro que es de esos que no miran atrás cuando las explosiones retumban a sus espaldas.
Porque el director se permite hacer ostentación de recursos técnicos y económicos, aunque sea para un estéril alarde de bombazos y fuego con el desparpajo suficiente para evitar conocer el sentido del ridículo. Un buen aperitivo para un tercer acto digno de mención: utilizando una enorme tienda de bricolaje, este MacGyver afroamericano despacha a los mafiosos armados hasta los dientes haciendo ingenioso uso de las herramientas que la superficie comercial pone a su alcance, todo ello con el desafortunado empleo ocasional de una muy inadecuada cámara lenta.
Al final estamos ante una mezcolanza entre divertida y sonrojante de aquellas Comando y Eraser con Arnold Schwarzenegger y un despilfarro de violencia y tiros más cercano en el tiempo a Los Mercenarios. Pero la trilogía con Stallone al frente asume su condición de parodia del género. Por eso, que alguien con un Oscar y una densa carrera se preste a estos productos entristece; también en el caso de Melissa Leo, otra galardonada, que con una breve aparición secundaria apuntará esta película en su lista de errores evitables.

GRACIAS A revistasala1.com