“Paris-Manhattan”, de Sophie Lellouche


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Por Roberto Granda

Los primeros minutos de ‘Paris-Manhattan’ son rápidos, encadena escenas en diversos saltos temporales para presentar, de manera algo atropellada, el personaje femenino principal, un ser solitario, presuntamente complejo, con problemas para relacionarse con los hombres y con el entorno y que esgrime una especial fijación por el cine de Woody Allen.

Es el universo intelectual y cultural del director neoyorquino, en su variante tragicómica, lo que atrae a la autora de la película. Su ópera prima es un homenaje a ese cine y a esos diálogos, aunque también una coartada para apropiarse del mundo complejo e identificable que Allen ha creado entorno a las relaciones sentimentales, la familia, el humor fresco e irónico y los individuos neuróticos que habitan grandes ciudades.
PAMA2Sophie Lellouche lo hace conociendo los códigos pero sin culminar. Si en la inolvidable y brillante ‘Sueños de un seductor’ Woody Allen habla con un póster de Bogart, aquí Alice (Alice Taglioni) es la que entabla imaginarias conversaciones con el cartel del cineasta al que admira, quien le da la réplica usando diálogos de sus películas y con el que comparte sus experiencias y angustias vitales.

Y como ni la idea ni el argumento son suyos, la cinta sólo puede avanzar a golpe de tópicos románticos y de sociedad, con diálogos que tratan de mimetizar el estilo de los de su referente, y aunque algunos tienen frescura e ingenio, no pueden ser vistos como algo más que un intento fallido. Los personajes entorno a la inestable familia son curiosos, atractivos y podrían dar mucho más de sí, existe la sensación de que están creados sin solidez, y pese a que algunos gags funcionan a medias, todo es ligero, prosaico y banal, con una gracia relativa. Las referencias discursivas entorno al amor y al sexo están tratadas por encima, sin la garra necesaria para hacer creíbles a los protagonistas o a esa pareja formada por su hermana y su cuñado que disfrutan ocasionalmente de los placeres de lujosas señoritas de compañía.

Alice, presionada por su padre judío (otro guiño, calco o “copia”) en esa perversa idea de que el fin último de la vida de una mujer es contraer matrimonio quieras o no, se debate entre un pijo estomagante de pelito con rizos y un maduro currante, servicial, apañado e ingenioso. Y ya sabemos que el hombre de a pie suele tener las de ganar. Así se va nutriendo una comedia romántica a ratos divertida pero sin la fuerza argumental, cómica o talentosa de las películas que marcaron nuestro imaginario colectivo, aquellas ‘Annie Hall’, ‘Manhattan’ o ‘Hannah y sus hermanas’ de las que este filme intenta coger legado. Pero los tiros quedan muy lejos, Ni siquiera el cameo de cuerpo presente del propio Woody Allen le genera el encanto necesario, sino más bien un trampolín para un epílogo dulzón, tan previsible como soso y falto de emotividad.

‘Paris-Manhattan’ se estrena con retraso en España respecto al país galo, y una semana antes de que llegue a nuestras carteleras la nueva de Allen, la cita anual con el genio del que siempre se espera lo mejor, un mito que hace perdurar su extensa carrera aunque en los últimos años nos haya regalado su talento con cuentagotas y en demasiadas películas menores. Estamos a la expectativa.

 

Por  revistasala1.com