CRITICA “El puente de los espías”, de Steven Spielberg


264
Por Patricia Zapico López

Hablar de la Guerra Fría es un hecho recurrente en nuestros días, ya sea en el ámbito político, económico, social, literario y cinematográfico. Esta etapa de la historia tan candente despierta el interés del público y escuece en las heridas aun por cerrar. El mito Steven Spielberg apasionado por la historia de su país y un fanático del siglo XX, se embarca en un proyecto muy ambicioso en torno a a figura de James Donovan: Brige of Spies (El puente de los espías).
Donovan fue un abogado de seguros, elegido por el gobierno de E.E.U.U. para ofrecer una defensa digna a un supuesto espía ruso, Rudolf Abel; a quien más tarde tuvo que intercambiar por el piloto americano del famoso U-2 derribado en territorio soviético. Sin duda, este hombre fue un héroe anónimo para el Estado americano, al cual Spielberg no conocía y a quien finalmente atrapó el alma del famoso director.
No es la primera vez que vemos a Spielberg indagar en la historia; películas como La lista de Schindler (1993), Salvar al soldado Ryan (1998) y Caballo de batalla (2011), reflejaron en su momento la personalidad del director, pero no hay duda que fue con Lincoln (2012) cuando realmente mostró su amor hacia la historia americana, ensalzando la figura del enigmático presidente. Pero un gran director, tiene que trabajar con grandes actores y una vez más, el protagonista de El puente de los espías no pudo ser otro que Tom Hanks con el que ya había trabajado hasta en dos ocasiones. Y como no, guión de los hermanos Coen; lo que faltaba para ponerle la guinda a un proyecto exitoso, que difícilmente podría fallar.
magazinema-puente-de-los-espc3adas
El puente de los espías no es un film siniestro ni oscuro, — pese a ofrecer imágenes propias del Film Noir de Bogart—, es un trabajo cargado de luminosidad, humor y buenas acciones. Aun siendo un periodo de la historia complicado, consigue crear una atmósfera delicada pero a la vez penetrante, que se mantiene de principio a fin. Muestra de ello es el propio Rudolf Ivanovich Abel, espectacular interpretación de Mark Rylance, que siendo el típico ruso frío y distante, no titubea a la hora de “reírse” de la terrible situación que estaba viviendo en territorio enemigo.
En una época donde las alianzas políticas, los acuerdos, el espionaje, el rearme y las falsas apariencias abundaban, Spielberg da sitio para la lealtad, la firmeza y la bondad; el film desprende por todos sus poros el valioso mensaje de la ayuda al prójimo, incluso cuando se tiene que perjudicar a uno mismo. Tom Hanks es la persona idónea para contarnos una historia y para enfrentarse a la difícil tarea de interpretar a un personaje real. No es una actuación bárbara, ni deslumbrante, es una interpretación de un hombre que al fin y al cabo era un tipo normal, con los pies en el suelo; lo que no hace sombra al hecho de que el trabajo de Hanks, es tan limpio y perfecto, que ya lo vemos como algo normal.

Pese a que el tema del Telón de Acero y la carrera armamentística está tratado con mucho respeto, sin pararse a definir quienes fueron los buenos y los malos, inevitablemente Spielberg ennoblece demasiado a los E.E.U.U., desmereciendo en pequeños detalles a la U.R.S.S. y a la humillada Alemania. No obstante, así son los americanos, orgullosos hasta la muerte de su patria.
Una vez más, somos conscientes de que Spielberg sigue apostando por un cine en mayúsculas, dándole la vuelta al género de espías, cuando ya parecía que todo estaba visto. Nadie como él es capaz de narrar con tanta coherencia un film, ni crear atmósferas tan bellas y penetrantes; quizás porque él mismo se ve en sus películas, habiendo vivido el mismo terror por las bombas, que el propio hijo de Donovan. Otro éxito más del archiconocido director, del que siempre esperamos más; nunca menos.

gracias a revistasala1.com