“La Gran Apuesta” (The Big Short), de Adam McKay CRITICA






Por Ricky Boned

Dice Jared Vennett (Ryan Gosling) al principio del film “Supongo que muchos de ustedes aún no saben qué pasó”, refiriéndose al detonante que desde Estados Unidos originó en 2008 la gran crisis mundial que aún arrastramos. Y sinceramente creo que más allá de la bien conocida burbuja inmobiliaria, muchos espectadores al acabar la película seguirán sin saberlo del todo.


La Gran Apuesta narra la historia de unos pocos financieros que en contra de las predicciones y de los resultados macroeconómicos, supieron leer los indicios y apostar a contracorriente consiguiendo billones de dólares mientras la Nación se desmoronaba. Es de agradecer que en esta ocasión la historia no la protagonicen las víctimas o los despiadados brokers y banqueros culpables de la catástrofe, sino los que por talento, intuición o simple casualidad supieron avanzarse a la hecatombe.

Pero por encima de la historia real que a grandes rasgos cualquiera podría conocer y pese a mantenerse la tensión constante por el evidente drama que está a punto de producirse, el film es desproporcionadamente denso y aunque trata de ser didáctico, cae a menudo en una abrumadora espiral de verborrea financiera no apta para el que tenga oxidados sus conocimientos de economía.

Aunque quizás sea precisamente esa la intención, demostrar la complejidad del asunto y la dificultad de entender lo que sucedió, como claro reflejo de cómo la opinión pública pudo sentirse al destaparse el escándalo.

En cualquier caso a continuación incluimos una breve descripción de los hechos ocurridos, que quizás ayuden a entender mejor la película. El 15 de septiembre de 2008 uno de los bancos de inversiones más grandes del mundo, Lehman Brothers, se declaraba en bancarrota, derrumbándose en consecuencia la bolsa de Nueva York y por ende la de los demás países del Mundo. Empezaba así una de las crisis económicas más profundas y largas de la historia.
En 2002 tras el atentado de las Torres Gemelas (año 2000), se intentaba recuperar la confianza y la situación económica de la Nación. Se fomentaba desde el Gobierno de EEUU, y concretamente por su presidente George W. Bush, la idea de la propiedad de una vivienda como parte del sueño americano. Para ello sería necesario que desde el sector privado se ayudara económicamente a cualquiera que quisiera comprar una casa. Por tanto, se necesitaba más dinero en el mercado de capitales (es el mercado financiero donde se compra-venden títulos como las acciones) dirigido a los que quisieran acceder a una vivienda.

Se bajaron los tipos de interés al 1% (que no es otra cosa que el porcentaje adicional o beneficio que obtiene el banco a raíz del préstamo concedido), es decir, los bancos privados y las sociedades hipotecarias prácticamente regalaban el dinero y todos se lanzaron a solicitar préstamos para comprar casas y segundas residencias. Nacen así las hipotecas basura o subprimes, concedidas incluso a los más desfavorecidos a los que bautizaron como NINJA (No Income, No Job, No Assets, o lo que es lo mismo, sin ingresos, sin trabajo, sin propiedades).

Esto provocó un falso clima de riqueza y prosperidad en el que la mayoría de ciudadanos vivía muy por encima de sus posibilidades. Mucho gasto y poco ahorro.

Progresivamente entre 2003 y 2005 el interés fue aumentando, primero al 3 y posteriormente al 5%, y debido al alto grado de consumismo la inflación se había disparado (la inflación es el “proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda, que causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos”).
Los norteamericanos, incapaces de hacer frente a sus hipotecas, se vieron forzados a abandonar sus casas. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en España donde la deuda recae sobre la persona, en EEUU por lo menos la hipoteca se limita a la vivienda embargada.

 Gracias a la despiadada estrategia de bancos y especuladores la deuda norteamericana se había vendido por diferentes países a través de las conocidas como collateralized debt obligation y los credit default swaps. Fue entonces cuando los más avispados que supieron leer el desplome de la economía mundial, se deshicieron a tiempo de sus productos financieros. Y es precisamente eso de lo que trata La Gran Apuesta.


Primero cayó el banco de inversiones Bear Stearns debido a que sus principales fondos amontonaban hipotecas basura, que carecían de valor. Con la caída de Lehman Brothers y a pesar de la resistencia de su Presidente a reconocer el derrumbe (algunos dicen que durante su intervención en los medios ya era perfectamente conocer de la situación y simplemente se limitó a ganar tiempo en interés propio), la crisis se extendió irremediablemente al resto del mundo.

Cinematográficamente hablando cabe reconocer que La Gran Apuesta gracias al bombardeo constante de imágenes y la infinidad de cortes, consigue mantener las pulsaciones a buen ritmo e involucrarnos en lo que sucede en todo momento, a pesar de encontrarnos constantemente procesando el aluvión de información financiera que se nos presenta.


The Big Short, basada en el libro homónimo de Michael Lewis y producida por Plan B Entertainment (productora de Brad Pitt), utiliza sencillos recursos para sacarle rigidez al complejo contenido y facilitar la digestión del hilo argumental. Los personajes en ocasiones se dirigen directamente a la cámara hablando al espectador como si de una obra de teatro o show televisivo se tratara, y nos presentan espontáneamente a algunas celebridades que a modo de cameo explican los complejos y volátiles productos financieros que desencadenaron el conflicto económico. Es el caso de Selena Gómez o Margot Robbie, la despampanante actriz australiana que encarnó a la mujer del Lobo de Wall Street y que es un obvio guiño a la película de Scorsese.

El uso de estos recursos no son de extrañar si tenemos en cuenta que Adam McKay, además de uno de los realizadores más importantes de la comedia norteamericana y socio de Will Ferrel (al que dirigió en El reportero: La leyenda de Ron Burgundy), es también guionista de programas como Saturday Night Live, donde es habitual la interactuación con los espectadores y el cameo de grandes estrellas y celebridades.

Especialmente destacable la interpretación del elenco de actores aunque quizás escasea la representación femenina. Inconmensurable Steve Carell, en su papel de Mark Baum, un broker moralista y neurótico al que, como ya hiciera en Little Miss Sunshine, dota magistralmente de ese hilarante tono cómico tan característico pese al drama personal y el trasfondo trágico de la situación.


Venett, Ryan Gosling es, además de narrador de la historia, un caricaturizado estereotipo del tiburón de Wall Street con ansias de riqueza y un elaborado plan para conseguirlo gracias a un potente y afilado discurso (y que no habría sido posible sin un guión bien construido por el propio McKay y Charles Randolph, responsable de La interprete y la vida de David Gale).


También interesante la aportación de Christian Bale (Michael Burry) un extraño genio tuerto y doctor en medicina con toques algo místicos, que será el primero en detectar que algo devastador está a punto de suceder, aprovechándose económicamente de ello pese a la reticencia y represión de sus jefes.


Finalmente, como no podía faltar, la pareja de jóvenes novatos, Finn Wittrock y John Magaro, que luchan por hacerse un hueco en el competitivo mundo de los fondos de inversión. Contarán en su particular cruzada hacia el éxito con la repentina e inestimable ayuda del veterano Ben Rickert (Brad Pitt), un excéntrico y conspiranoico especialista retirado con unos marcados ideales.


Sobre los reconocimientos de la película, la verdad es que no son pocos y por ello la colocan como una de las grandes protagonistas de 2015. Entre otros, 5 nominaciones a los Oscar incluyendo mejor película y director, 4 a los Globos de Oro, 5 a los BAFTA y galardonada en los Critics Choice Awards como mejor comedia, actor de comedia (para Christian Bale) y guión adaptado.


En resumen, La Gran Apuesta presenta una compleja historia real que colapsó la economía mundial y puso de manifiesto la excesiva libertad e impunidad con la que actuaban banqueros y financieros, utilizando para ello una elaborada puesta en escena y un inmejorable equipo interpretativo, llegando a alcanzar un ritmo frenético como en la mejor de las películas de acción, pero con un toque tragicómico que la hacen atrayente a pesar del excesivo y extremadamente técnico contenido doctrinal.


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