CRITICA “The Jungle Book” de Jon Favreau




Por Patricia Zapico López

No es la primera vez que Jon Favreau irrumpe en nuestras salas de cine, embarcándose en proyectos de diverso género, como fue la exitosa y agradecida por los fans marvelianos, “Iron Man” (2008), y la fresca comedia familiar, “Chef” (2014). Como no podía ser de otra manera, rápidamente puso su punto de mira en algo totalmente diferente al resto, un remake de uno de los grandes clásicos de la factoría Disney, “El libro de la selva”.

Lo cierto es que las recientes adaptaciones de los cuentos de Disney, como “Blancanieves: Mirror, Mirror” (Tarsem Singh, 2012), “Maléfica” (Robert Stromberg, 2014) y “Cenicienta” (Kenneth Branagh, 2015) entre otros muchos, no han sido acogidos de forma muy positiva por la crítica, ni por los fans. Muchos son los que coinciden en la idea de que todas ellas son un alarde técnico y visual, pero que desgraciadamente distan mucho de ser respetuosos con sus fuentes.

Está claro que los grandes clásicos han dejado una huella muy difícil de borrar; por eso mismo y teniendo en cuenta que los protagonistas de esta historia son animales, el reto de Jon Favreau es majestuoso.



No transcurren más de diez minutos de película y ya nos rendimos a la evidencia: “El libro de la selva” es “ver para creer”. El poderío técnico de Disney, construyendo mundos a través del fotorrealismo y la imagen real, es apabullante. Realmente trasladan la espesa jungla a un simple estudio de grabación, presentando un elenco de animales actores, que lejos de parecer inanimados, parecen estar dotados de alma. Casi parece imposible pensar que Neel Sethi está corriendo entre cromas verdes y no delante de la inflexible Bagheera, como ven nuestros ojos. Este joven muchacho encarna el ingenio, la valentía y la tozudez del cachorro humano, de Mowgli; derrocha gran talento, incluso llevando el gran peso de la responsabilidad que supone ser el alma de esta gran producción cinematográfica y de la selva.

El ritmo de la película es frenético, cargado de momentos llenos de adrenalina y dramatismo. Y es que la historia del cachorro humano no es fácil, mucho menos cuando eres perseguido por la bestia más fiera del lugar, Sirkan. Respetando con mucho mimo la historia en la que se basa, busca convertirla en un cuento mucho más maduro y coherente, aunque sea casi inevitable que canciones como “Búscalo” y “Quiero ser como tú” aparezcan en escena, siempre de una manera coherente y escueta. Esta claro que no buscan vendernos lo que ya hemos visto; es algo totalmente novedoso.

Por ahondar en algún pequeño defecto, dado que esta película se basa más en la lucha de Mowgli contra Sirkan y menos en la relación de este primero con su amigo Baloo, como ocurría en la película de animación, en ocasiones fuerzan la aparición de todos los personajes emblemáticos, como es el caso de la serpiente Kaa.

En definitiva, creo que todo el mundo que tenga la oportunidad de ver esta gran obra, se reencontrará con el mismo niño que vio la película de 1967, un niño que se asombró con la belleza de la naturaleza y que comprendió que en el cine todo es posible.


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