CRITICA “Lights out” (Nunca apagues la luz), de David F. Sandberg




Por Ricky Boned
Amantes del terror facilón, de sustos intensos y trama predecible, aquí tenéis un nuevo pasatiempos de ritmo vertiginoso para amenizar las noches de septiembre o las tardes de resaca.   Pero por desgracia la peli no pasa de ahí, de un simple pasatiempos. Nada nuevo tiene que ofrecer el debut cinematográfico de Sandberg (Suecia 1981), producida por el malayo James Wan, uno de los principales iconos del género de terror actual por dirigir películas como Saw, Insidious 1 y 2, o Expediente Warren 1 y 2, así como por producir obras como Annabelle 1 y 2 (al parecer Sandberg está dirigiendo ya la secuela de este spin off de Expediente Warren), las seis secuelas de Saw o el tercer capítulo de Insidious.



El director sueco, corresponsable del guión de Lights out junto al americano Eric Heisserer (también productor de Lights Out y guionista de Destino Final 5 o de los remakes de La Cosa y Pesadilla en Elm Street), hasta ahora había sido conocido, o más bien reconocido, por sus cortos de horror. Especialmente por el que en 2013, con apenas tres minutos de duración y protagonizado por su mujer, Lotta Losten que también aparece al principio del film, sorprendió al mundo por una sencillez realista a la par que profundamente aterradora (y al propio James Wan que no dudó en producir la película). 



Es de este corto de donde nace el largometraje del que hereda también su nombre, Lights out. Pero lo cierto es que bastaba con esos tres minutos para explicar prácticamente todo lo que ocurre en la película, ya que en general se limita a machacar hasta la saciedad el efectivo aunque no original recurso utilizado en el propio corto, para atemorizar a casi tres millones de internautas.



Básicamente un ser extraño con forma humana pero aparentemente sobrenatural, aparece y desaparece intermitentemente en función de si los aterrados protagonistas encienden o apagan la luz de la que esa criatura parece huir (… como tantas y tantas otras criaturas han hecho a lo largo de la historia).  Pero ¿era necesario explicar el origen de tan inquietante mal? Pues lo cierto es que no, y ese es el principal error de la película porque baja en intensidad, tensión y originalidad y pierde la sutil insinuación (que es la base del terror más primario y profundo), para caer en la habitual obviedad del género. Aunque quizás sin esos minutos de metraje explicativo no habrían sabido rellenar los vacíos que se producen entre sobresaltos, echándose a faltar los perspicaces recursos cinematográficos o imaginativos giros argumentales que habría cabido esperar. La sensación que nos queda es que no se acaba de explotar el enorme potencial que presentaba el proyecto.


El viejo concepto perpetrado por el cine de terror sobre el temor a la oscuridad, a lo desconocido, a nuestros propios miedos, a las alimañas reales o inventadas que esperan sigilosas entre las sombras, a las retorcidas pesadillas que sólo ocurren de noche y en la más silenciosa intimidad o en nuestra propia cabeza. Una vez más se recurre a este principio rector presente en muchas de las grandes obras pero quizás en esta ocasión otorgándole el papel protagonista a la propia oscuridad. Era evidente que no necesitábamos saber de dónde surge el mal que nos persigue porque el desconocimiento es lo que lo hace todavía más aterrador.


Gabriel Bateman (que también aparece en Annabelle) y Maria Bello (su madre en la película)
Y pese a la falta de originalidad y de lo justitas que son las interpretaciones (especialmente de la despampanante Teresa Palmer en su papel de gótica “soft” que parece una animadora disfrazada el día de Halloween más que una joven traumatizada por una infancia complicada), el realizador llega a estirar ese escaso contenido a 80 minutos de sustos y entretenimiento sin pretensiones, en los que el sueco consigue mantener la tensión y la atención aún y ser la trama de lo más predecible. Recuerda este planteamiento al del corto Mamá, del argentino Andrés Muschietti, que en 2013 se llevaría a la gran pantalla de la mano del siempre mediático Guillermo del Toro como productor ejecutivo, y que sería un gran éxito de taquilla a pesar de las evidentes limitaciones del film.


Por tanto, una película que no ofrece al género ninguna novedad y en la que se hubiera agradecido un mayor abanico de detalles, pero que utiliza de forma acertada los pocos recursos de los que dispone y parece dominar el director sueco, consiguiendo entretener sin parafernalia innecesaria y de la que tendremos secuela próximamente.  Otros títulos interesantes que si os gustan este tipo de películas podríais querer  rescatar: It follows (David Robert Mitchell, ‘14), The Barbadook(Jennifer Kent, ‘14) Mirrors (Alexandre Aja, ’08), Darkness Falls (Jonathan Liebesman, ’03), They (Robert Harmon, ’02).


ARTICULO PROPORCIONADO POR revistasala1.com

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