CRITICA "no respires"





Por Ricky Boned

Otra perla para los fans del género. Y ya son varias últimamente así que parece que ese deseado reciclaje que todos esperábamos por fin ha llegado.
Dirigida y coescrita por el uruguayo Fede Alvarez (1978), Don’t Breathe destierra el planteamiento al que nos tienen acostumbrados, consiguiendo sin abominables seres sobrenaturales la misma sensación de permanente angustia que provoca la persecución incesante de la más oscura de las criaturas.




En esta ocasión la película no se centra en lo desconocido, en el terror apabullante por la percepción de algún tipo de ente o en el reflejo retorcido de nuestra propia imaginación, sino que se nos muestra el motivo de nuestro temor desde un principio, sin filtros y sin necesidad de interpretaciones, aunque también oculto entre las sombras para que resulte igual o aún más aterrador pese a su origen mundano. ¿La clave de ese pánico visceral? La imposibilidad de respirar, de moverse, de hacer ruido para no ser descubiertos. La claustrofobia de una trampa mortal en la que somos presas fáciles para un brutal depredador.


No respires narra la historia de unos jóvenes raterillos que en su afán por financiarse la escapatoria del gueto gris y decadente de Detroit en el que viven, caen en el grave error de colarse y quedar encerrados en la guarida de un enigmático veterano de guerra (Stephen Lang, que encarnaba al sanguinario militar de Avatar), invidente, pero que no por su aparente minusvalía se lo pondrá más fácil a los despavoridos y aterrorizados protagonistas. De hecho serán ellos los auténticos minusválidos al jugar en las mismas condiciones de oscuridad que su experimentado y fornido perseguidor.
Cierto es que la lista de grandes pelis del género en las que un psicópata persigue a unos desvalidos adolescentes es más que larga, pero en esta ocasión el planteamiento es distinto: los jóvenes atacaron primero.
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También hay que reconocer que por su planteamiento, podríamos decir que no se trata de un largometraje de terror al uso, estando más cerca del thriller, pero con una identidad propia y una intensidad tan sofocante y permanente que hará estremecer hasta al más curtido de los espectadores.
A medida que se desarrolla la película vamos gradualmente conociendo al personaje que vive aislado de la sociedad y que quizás esconde más de lo que podría parecer en un principio. La aparente víctima se convertirá rápidamente en un sádico cazador con macabros secretos, que no tendrá piedad con los descerebrados que osaron invadir su propiedad.

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El Director uruguayo se dio a conocer gracias a su cortometraje de ciencia ficción, ¡Ataque de pánico!, que fue un éxito de You Tube,

Pero se le reconoce mayoritariamente por su bien logrado aunque algo desacreditado remake de Posesión Infernal (Evil Dead, 2013), película de culto dirigida por Sam Reimi en el 81 (su opera prima), perteneciente a la trilogía dirigida por el mismo director y protagonizada por el carismático Bruce Campbell (para los fans de la saga deciros que hay una serie de diez capítulos para TV dirigidos por Reimi y protagonizados por Campbell que dan continuidad a la trilogía). Y pese a las críticas del remake producido por Reimi surgió de dicha producción el tándem Fede Alvarez- Rodo Sayagues, coguionistas de Posesión infernal y de la peli que nos ocupa, así que a pesar de lo arriesgado de atreverse con un remake de este calibre, los resultados en general fueron y están siendo más que positivos.


Destacar el buen trabajo en la construcción de los personajes que no quedan a discreción del espectador (de la mano de Jane Levy a la que también vimos en el remake de Evil Dead y en la primera temporada de la extravagante serie Shameless, Dylan Minnette que participó en Let me in, o el talentoso Daniel Zovattolos del que por su trayectoria, seguro que oiremos hablar en los próximos tiempos), giros argumentales desconcertantes que nos mantienen en vilo y una personalidad propia que la dotan de una puesta en escena impactante a la par que asfixiante, gracias también al gusto con el que se utiliza la cámara.
En conjunto una obra trepidante e imprevisible, con grandes recursos creativos y una base sólida, repleta de originalidad y, como no, de buenos sustos.