ELLE "CRITICA"

Por Elías Jaime

Un gato de ojos intrigantes contempla un suceso atroz que tiene lugar en el interior de una amplia y acomodada vivienda. Pese a la distancia prudencial y cierto gesto de indolencia por parte del animal, la refinada bestia es incapaz de pasar por alto aquello que tiene delante. Naturalmente, nada sucede por casualidad. El potente y curioso plano con el que la cinta comienza es premonitorio en cuanto a lo que al espectador le espera durante los minutos siguientes. “Elle” nos sumerge en la historia de una astuta empresaria de la industria de los videojuegos llamada Michèle. Una mujer cargada con un sombrío pasado y a la que un individuo encapuchado acaba de violar dentro de su propio domicilio.





No es una tarea fácil lanzarse a descifrar los múltiples y sinuosos significados que pueda haber o no detrás de acontecimientos tan chocantes como los que se suceden continuamente a lo largo del metraje. A pesar de que en sus declaraciones durante la última edición del Festival de Cannes la actriz Isabelle Huppert advirtiera del peligro que implica generalizar en las conclusiones tras ver la película, cuesta no tomar su enmarañado personaje principal como el producto de una heladora visión del rol femenino en la actualidad. Por supuesto, es digno de elogios el festín interpretativo que entrega dicha artista francesa y su compleja creación. Una figura enérgica, aunque seriamente desgastada por las manos de los hombres. Toda la obra gira en torno a cómo Michèle se desenvuelve entre las insondables consecuencias que puede acarrear el deseo. Algo que se refleja en la forma con la que sobrelleva ella los más perversos contratiempos. Desde luego, muchas de las interpretaciones posibles de la película pueden resultar desalentadoras. No parece ofrecer una forma clara de descodificar el mundo con su meta puesta en que todo cobre sentido, sino que prevalece una invitación a unirnos al caos. A dejarnos llevar por sus formas caprichosas y a abrir camino como buenamente podamos entre tanta violencia, hasta mimetizarnos al final con lo más salvaje. El enfoque ofrecido a veces parece llegar mezclado con ecos del discurso psicoanalítico. No en vano, estamos ante un trabajo con trazas de sueño. La sensación de que, dentro de una alucinación, el espectador nunca podrá distinguir si en el interior de las imágenes se alude a la realidad o si tal vez todo vaya sobre una mera fantasía. Una ilusión rodada, eso sí, desde la elegancia y con una gran inteligencia. Aparecen todas las secuencias como cubiertas de un fulgor misterioso, exquisito e incluso malvado. Una combinación a la que es verdaderamente difícil resistirse. En algunos tramos de la obra se percibe cierto aroma al cine de Luis Buñuel. Concretamente, es posible apreciar reminiscencias a algún trabajo suyo tan emblemático como, por ejemplo, pueda ser“Ese oscuro objeto del deseo”.


ELLEDOS

Cada escena supone un cuadro dotado de un significado propio. Fragmentos que con frecuencia llegan a tener incluso más valor como unidades aisladas que como piezas al servicio del desarrollo una trama al uso. Es excitante el maquiavélico y contundente tratamiento en la construcción de escenas como la de la cena navideña. La huella de su divertida picardía no solo queda patente en el personaje de Isabelle, pues esta marca está presente también en el estudio que se realiza de las relaciones familiares o de cierto tipo de dinámicas en lo que se refiere a las amistades. Los personajes son situados siempre al borde de surrealistas situaciones límite. Cuanto sea necesario para que sus imperfecciones brillen bajo la luz más dura posible, hasta rozar finalmente el mayor de los esperpentos.

gracias a: revistasala1.com